Antonio Gamoneda: «Caigo sobre unas manos»; análisis y propuesta didáctica

ANTONIO GAMONEDA: «CAIGO SOBRE UNAS MANOS»
«Caigo sobre unas manos»
Cuando no sabía                                                                  1
aún que yo vivía en unas manos,
ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón.
Yo sentía que la noche era dulce
como una leche silenciosa. Y grande.                          5
Mucho más grande que mi vida.
Madre:
era tus manos y la noche juntas.
Por eso aquella oscuridad me amaba.
No lo recuerdo pero está conmigo.                               10
Donde yo existo más, en lo olvidado,
están las manos y la noche.
A veces,
cuando mi cabeza cuelga sobre la tierra
y ya no puedo más y está vacío                                      15
el mundo, alguna vez, sube el olvido
aún al corazón.
Y me arrodillo
a respirar sobre tus manos.
Bajo                                                                                         20
y tú escondes mi rostro; y soy pequeño;
y tus manos son grandes; y la noche
viene otra vez, viene otra vez.
Descanso
de ser hombre, descanso de ser hombre.                  25
(Fuente: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/antologia-poetica–42/html/0150b9de-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html#I_8_41. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes (consulta realizada el 10-8-2017)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
El poema que ahora comentamos procede del libro «Blues castellano» (Ed. Noega, Gijón, 1982), del poeta leonés Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931). Estamos ante un texto intimista, melancólico y evocador de la infancia perdida. Una imagen, en un momento, como un fogonazo, invade la memoria del yo poético: en la noche, la madre recoge en sus manos el rostro del niño. Como podemos apreciar por la disposición espacial de ciertas palabras, que ocupa cada una de ellas un solo verso, colocadas en el final de la línea, a la derecha, el contenido gira en torno a tres pivotes de significación: noche, madre, descanso. En estos tres vocablos se encierra todo el sentido  profundo: el niño (el propio poeta hace muchos años) buscaba amparo en las manos de su madre, que lo acariciaba en la noche, acaso protegiéndolo de sus miedos. Muchos años después, la noche vuelve a ser el momento de recuerdo materno y del descanso de una vida esforzada.
2. Temas del poema
El poema gira en torno a los siguientes temas:
-Evocación emotiva de la figura de la madre protectora y cariñosa.
-Presencia constante, benéfica y reparadora, de la madre, muchos años después de su desaparición física;
-Reafirmación del recuerdo como parte de la vida, fuente de felicidad y de sentido existencial.
3. Apartados temáticos
El poema se estructura en dos apartados temáticos bien discernibles:
-Primer apartado (primera estrofa, vv. 1-9): estamos ante un recuerdo del yo poético, seguramente en el el seno materno. Percibe y siente la presencia protectora de su madre. Los verbos aparecen en pasado, pues es una evocación de algo vivido casi en el plano de la inconsciencia.
-Segundo apartado (segunda y tercera estrofas, vv. 10-25): desde el presente consciente del yo poético, este revive esa presencia materna. La busca, sobre todo en los momentos de desaliento y fatiga, en la noche. Es ahí cuando ella vuelve y le ofrece lo mismo que le había ofrecido: consuelo, amor y protección.
4. Aspectos métricos y de la rima
El poema, en verso libre, contiene una suave musicalidad que envuelve la significación entera. Los versos, que oscilan de los bisílabos a los endecasílabos (el verso más empleado) fluye bajo una cadencia rítmica que imprime serenidad, confianza; una leve asonancia perceptible en la segunda parte del poema también trabajan en esa dirección. Es un modo de reafirmar que el milagro existe, que el recuerdo cobra vida y que las manos de la madre confortan al niño, más allá de un acto puntual. En ese instante, la noche ya es acogedora y bienvenida.
5. Comentario estilístico
El poema es una evocación de la figura de la madre y de sus efectos benéficos en el sujeto lírico. Ello desde que estaba en el seno materno, hasta su realidad de adulto. El acto de proteger con las manos a un bebé o un niño, en sí cotidiano y sin aparente transcendencia, guarda un hondo e indeleble sentido para el poeta adulto que recrea el recuerdo. Las manos de la madre “pasaban sobre mi rostro y mi corazón” (v. 3): las caricias iban más allá de un acto sensorial para alcanzar la entraña del niño, reconfortarlo y protegerlo seguramente de una realidad exterior agresiva e incomprendida; aunque el yo poético no entra en ello, lo sabemos por otros poemas. Las manos son metonimia del acto protector, del amor materno y de la constancia o permanencia de ese sentimiento.
Esta sensación de paz está envuelta en paradojas: “No lo recuerdo pero está conmigo”. Parece que la visión del niño en brazos de su madre ha superado la categoría de parte de la memoria para ser parte de su persona actual. En las zonas más olvidadas de su vida, precisamente “donde yo existo más”, justamente es ahí “donde están las manos y la noche”. Son dos metonimias que nos remiten a las caricias reconfortantes de la madre en el momento de más inquietud, la oscuridad. Tal era el poder tranquilizador amoroso de la madre que la noche pasaba a ser “dulce como una leche silenciosa” (vv. 4-5). El símil refuerza la sensación de bienestar y protección
Pero de repente se verifica un giro al presente, al acto de la escritura (v. 10). El yo poético sigue sintiendo los momentos de desaliento, acaso de miedo, e inclina su cabeza, como hacía de niño, cuando buscaba el calor de su madre. En estos momentos la memoria, entre reconfortante y acaso traspasada de nostalgia, hace que su cabeza vuelva a las manos de su madre. Los verbos en presente de indicativo nos lo presentan como realidades factuales: “Bajo / y tú escondes mi rostro y soy pequeño” (vv. 20-21). Se obra un pequeño milagro por el cual la madre, con su infinita ternura y comprensión, muchos años después, seguramente ya fallecida, vuelve a consolar y transmitir calor y confianza al niño que ahora, adulto ya, busca “Descanso / de ser hombre, descanso de ser hombre” (dos versos finales).
La palabra “descanso” guarda una significación anfibológica muy interesante y rica de sentido: como verbo, el yo poético anuncia su deseo de recuperar el resuello; como sustantivo, seguramente el significado de la segunda aparición del vocablo, enuncia de un modo más genérico y abarcador, solemne y apodíctico, el sentido total del poema: el verdadero refugio ante las calamidades del diario batallar sólo se encuentra entre las manos consoladoras de la madre, metonimia del amor incondicional.
A partir de ese momento, los aspectos espaciales, referidos al volumen de los objetos y las personas, adquieren una significación especial gracias al oxímoron o antítesis continuada. Se establece un juego dialéctico entre “grande”, referido a la noche, y “pequeño”, aplicado al niño. La noche se funde en una sola realidad con las manos de la madre, que transmiten al niño la confianza que busca: “era tus manos y la noche juntas” (v. 8). Esta fusión de las dos realidades, una táctil, otra visual (nótese la sinestesia, tan expresiva y original), imprimen seguridad y sentido en la vida del niño.
En la penúltima estrofa encontramos la significación total de este juego espacial: “… y soy pequeño; / y tus manos son grandes”. El yo poético vuelve a las dimensiones propias del niño, que encuentra la certeza de las manos grandes de la madre como el mayor signo de confianza y tranquilidad. Esta transformación (viaje a la infancia para retornar a los brazos de la madre) se realiza gracias al poder del recuerdo más profundo y al milagro de la palabra poética. Las antítesis (grande / pequeño; yo / tú) refuerzan la relación entre ambas personas, madre e hijo (que es el sujeto lírico, ya adulto).
6. Contextualización autorial
Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) es uno de los más importantes poetas de la posguerra y de la segunda mitad del siglo XX en España. Sus inicios poéticos, con el poemario Sublevación inmóvil (1960), se adscriben más o menos a la Generación del 50 o del Medio Siglo. Luego sigue una evolución propia, con dificultades para publicar. En Edad (1987) se recogen varios poemarios anteriores, como el que acoge el poema que comentamos. Libro del frío (1992) y Arden las pérdidas (2003) son espléndidos poemarios de madurez, profundos e intensos.
En su poesía se oberva un autobiografismo intimista y reflexivo. El sujeto lírico toma una imagen o una sensación de su infancia o de su madurez y ahonda en su sentido. Se observa una relación entre el yo y la sociedad, muchas veces en conflicto. Gamoneda mantuvo una postura crítica y de rechazo del franquismo, lo que le valió más de un disgusto personal.
7. Interpretación y valoración
Este poema es una recuperación de la infancia a través de la palabra poética. La figura de la madre (metaforizada en sensaciones y los brazos) señorea todo el poema. Frente a la agresividad externa, la madre proporciona certezas amorosas de seguridad y protección. El poema nos recuerda inmediatamente la evocación, en un intenso y bellísimo poema, que nuestro Antonio Machado realiza de la figura de su padre trabajando en su gabinete (se trata del soneto «Esta luz de Sevilla…»). Ahí también el padre parece que está vivo, que el hijo lo capta plenamente, incluso en su corporeidad.
Antonio Gamoneda nos ofrece en este intenso y hermoso poema el sentido de la figura de la madre en su vida. El recuerdo, que apenas existe como tal, se transforma en vida, en acto esencial de significación permanente y atemporal. Aún sustentan la vida del yo poético y la dotan de eficacia ante la necesidad del “descanso de ser hombre”.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
1) Resume el contenido del poema (70-100 palabras).
2) Señala los apartados temáticos o secciones de contenido para apreciar la construcción del significado.
3) Indica la medida de los versos y su rima, y si se sujetan a un tipo de estrofa conocido.
4) Explica cómo aportan significación los recursos retóricos empleados por el poeta.
5) ¿Por qué el poema es intimista y nostálgico?
6) La figura de la madre, ¿cómo adquiere una significación atemporal para el poeta?
7) Localiza y explica el efecto estético en el lector de una docena de recursos estilísticos.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
a) Redacta un ensayo o texto argumentativo –con ejemplos concretos– sobre uno de los siguientes temas: el poder de los recuerdos; la importancia de la madre, o de los progenitores, en la vida del niño; etc.
b) «Y la noche / viene otra vez, viene otra vez» (vv. 22-23): ¿qué representa ahí la noche? Ofrece una respuesta rica y argumentada.
c) ¿Cómo es la sociedad que rodea la vida del yo poético?
d) El primer recuerdo, ¿de dónde procede, exactamente?
e) ¿Cómo se aprecia en el poema la importancia del amor materno?
2.3. Fomento de la creatividad
a) Se puede desarrollar una actividad de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) sobre: el poder evocador del recuerdo, la figura materna, la noche, las manos como metonimia del cuerpo que protege al ser desvalido, etc.
b) «Pinta» lo que te evoca o sugiere el poema. En otro caso, realiza una presentación en un cartel o por medios TIC sobre su contenido; también puede versar sobre la vida y la obra de Antonio Gamoneda.
c) Localiza una canción o tipo de música que exprese los sentimientos del poema.
d) Transforma el poema en un relato o una breve pieza dramática más o menos fiel al original.
e) Imagina un encuentro con Antonio Gamoneda; como si fuera una entrevista, planta las cuestiones que te suscita el poema y la vida del poeta.

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