Metodologías educativas para una educación responsable

METODOLOGÍAS EDUCATIVAS PARA UNA EDUCACIÓN RESPONSABLE

 

Esta entrada surge tras la lectura del libro de Antoni Zabala y Laia Arnau: Métodos para la enseñanza de las competencias (Barcelona: Graó, 2014) y otros artículos que ahora no vienen al caso. Los procedimientos reseñados por los dos autores, en un magnífico trabajo de síntesis y aplicación, son los siguientes:

  • Métodos de proyectos (Aprendizaje Basado en Proyectos)
  • Centros de interés
  • Investigación del medio
  • Proyectos de trabajos globales
  • Estudio de caso
  • Aprendizaje basado en problemas
  • Role-playing
  • Simulaciones
  • Aprendizaje servicio
  • Aprendizaje productivo

Son métodos activos y proactivos, en general de carácter grupal y multidisciplinar, que exigen emplear herramientas educativas variadas en sus distintas fases de elaboración. Implican la elaboración de un producto o servicio, más o menos práctico, para la comunidad, a la que hay que presentarlo.

Estas técnicas implican ciertas etapas en su desarrollo: diseño o planificación, acopio de materiales (observación, análisis, hipótesis, etc.) y elaboración original de un producto (informe, objeto, montaje, etc.). El resultado se debe comunicar de modo grupal o comunitario, según el caso y las circunstancias. Algunas técnicas educativas son antiguas, otras más modernas, lo cual es insignificante para nuestros propósitos. Nos invade un cierto papanatismo pedagógico y parece que todo lo nuevo, con muchas siglas y de origen extranjero es garantía de nuevo. Hay que ser cuidadoso con este asunto porque ni todo lo que viene de fuera es bueno, ni todo lo nuevo es recomendable. Lo importante es comprobar hasta qué punto son útiles para una educación de calidad.

El interesado puede ahondar en el libro reseñado y otros que los autores citan para ahondar en cada una de ellas y calibrar qué aspectos puede incorporar a su práctica docente. Las reflexiones personales que incita su lectura, desde una perspectiva profesional, son las siguientes:

+ Necesidad de exploración de nuevos procedimientos de enseñanza-aprendizaje

Todo docente tiene el deber moral y profesional de indagar en procedimientos educativos que redunden en una mejor educación de sus alumnos. Parece evidente que la  enseñanza-aprendizaje memorística, conceptualista y teórica no es suficiente ni la mejor manera de formar a los alumnos para los tiempos actuales y futuros. No es que todo lo hecho hasta ahora sea negativo; simplemente, se trata de superar aspectos, costumbres y procedimientos educativamente poco eficaces. Tampoco todo lo que se ofrece como “nuevas metodologías” es necesario, ni siquiera pertinente. Conviene, pues, ser prudentes y aceptar lo que aporte eficacia pedagógica. Lo importante es que los alumnos reciban una excelente educación; lo demás resulta accesorio.

+ Fomento de la inclusividad

Desgraciadamente, sabemos que un porcentaje de alumnos han quedado al margen del sistema educativo. Y eso es un fracaso, tanto individual como colectivo. Seguramente con responsabilidades compartidas por los actores presentes en la vida del niño o del joven, algunos jóvenes se alejaron, o fueron aparcados, o apartados, del proceso educativo. Indagar con procedimientos didácticos variados sirve para recoger, animar y alentar a algunos alumnos que no encajan en la educación tradicional. La educación de calidad es un derecho que todos los alumnos, sin exclusión, deben recibir.

+ Despertar el interés y la curiosidad de los alumnos

El aprendizaje memorístico y descontextualizado resulta árido y pesado. Un porcentaje de alumnos lo abandonan porque no conecta con sus intereses. Sin embargo, con metodologías educativas más dinámicas, que suelen incluir el trabajo en grupo y la elaboración y exposición de un producto es más fácil conectar a los alumnos más activos e inquietos, o, simplemente, con una inteligencia más plástica, natural e imaginativa. Cuando la motivación se eleva, el aprendizaje aumenta exponencialmente, por eso es muy recomendable utilizar prácticas docentes que estimulen el interés y la curiosidad de los alumnos.

+ El cultivo de la creatividad es un estímulo potente

Para compensar los aspectos más memorísticos, repetitivos y mecánicos del sistema educativo, es muy interesante incentivar la creatividad de los alumnos. Justamente sirve para desarrollar partes de nuestra inteligencia muy interesantes y necesarias para la vida de adulto. Asimismo, capta la atención de alumnos con una inteligencia más comunicativa, intrapersonal y plástica. Como se ve, estamos ante una magnífica herramienta inclusiva. La ejercitación de la imaginación, la fantasía, el planteamiento de hipótesis bajo determinados condicionantes, etc. dotan al alumno de herramientas mentales muy eficaces para la resolución de problemas de toda índole.

+ Las habilidades comunicativas potencian el aprendizaje

Los métodos arriba apuntados, y otros muchos, cuidan los aspectos comunicativos. El aprendizaje solitario y mudo tiene poco impacto de aprendizaje, a veces es un factor negativo, en relación al grupal y oralizado (aunque no sólo). Sin embargo, el aprendizaje comunicado y/o compartido es mucho más duradero y productivo. Asimismo, sirve para desarrollar la competencia comunicativa, imprescindible en la sociedad en la que nos movemos.

+ Aprendizaje basado en el pensamiento

Nuestro sentido común nos dice que todas las herramientas que propicien un pensamiento analítico son muy necesarias en la pedagogía significativa. Si memorizamos o acopiamos datos que no sirven para resolver problemas reales, el aprendizaje no fue inteligente. Ahora bien, si lo que se aprende tiene una aplicación real e inmediata en la vida del discente, éste aprende con más entusiasmo y dedicación. La buena educación debe servir para aprender a pensar sobre las cosas que no se aprendieron; los procedimientos analíticos, de hipótesis, causales y de inferencias, deben ser parte de una educación útil y significativa. Muchas de las metodologías arriba reseñadas fomentan el aprendizaje basado en el pensamiento, lo que beneficia a los alumnos y equilibra la balanza de la memorización mecánica. Ejercitar pautas y procedimientos que enseñan a pensar con rigor y lógica es parte de la buena educación.

+Neurodidáctica, una perspectiva a tener en cuenta

Los estudios de neurodidáctica están abriendo perspectivas fascinantes para una buena educación. El modo en que el cerebro aprende sugiere que las sesiones educativas cortas, bien focalizadas, activas incluso físicamente, proactivas, compartidas y comunicadas poseen un rendimiento muy superior al tradicional. Estos asuntos se tratan con gran claridad y rigor en el blog de Jesús Guillén (https://escuelaconcerebro.wordpress.com/author/jesuscguillen/), cuya visita es siempre gratificante y sugerente.

+¿Y cómo encaja esto con la lengua y la literatura?

La didáctica de la lengua y la literatura está sometida a una fuerte presión por la tradición pedagógica (al fin y al cabo, en los sistemas clásicos ocupaban un porcentaje muy alto de la materia enseñada) y hábitos rutinarios. Sin embargo, es muy bueno que el docente indague en nuevas maneras de enseñanza-aprendizaje de la lengua para que el discente pueda comunicarse más eficazmente. Muchas de las metodologías y aspectos aquí tratados tienen un uso inmediato y directo en la clase de lengua y literatura. Probar con ellos, alejándose de la clase aburrida y rutinaria, puede contribuir a una enseñanza-aprendizaje más fértil y significativa para profesores y alumnos.

No todas las teorías pedagógicas son mejores por ser novedosas. No toda la tradición educativa es nefasta. Sólo se trata de indagar con sentido común en nuevas, distintas y variadas maneras de enseñar y aprender que redunden en beneficio personal y académico de nuestros alumnos, esos diamantes a los que debemos ayudar a brillar con luz propia.

 

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