Animación a la lectura y dinamización de bibliotecas escolares: una aproximación

ANIMACIÓN A LA LECTURA Y DINAMIZACIÓN DE BIBLIOTECAS ESCOLARES

 

A juzgar por los resultados de los últimos estudios realizados, la lectura, referido a España, en general, está bastante estancada. Hemos realizado en el Centro de Formación e Innovación Educativa (CFIE) de León un curso cuyo título coincide con el de esta entrada. Estaba dirigido a docentes de primaria y secundaria con inquietudes sobre este asunto; el ponente fue Juan José Lage Fernández, persona de reconocida trayectoria y larga experiencia en el asunto que nos ocupa. Se trataba de analizar el estado de la cuestión y de sugerir o encontrar, si es posible, nuevas vías y modos del fomento de la lectura en el ámbito escolar. Hemos aprovechado las reflexiones que allí realizamos para elaborar una propuesta que ahora publicamos. El objetivo es que, de algún modo, sean inspiradora para otras personas, docentes o no, preocupadas por este tema.

  • Una mirada al pasado

Aunque desde una visión sincrónica e inmediata pudiera parecer que los niños y jóvenes leen menos que antes, no es cierto. La realidad, justificada por estudios y experiencia personal de cualquiera de nosotros, es que se lee más y mejor que unas décadas o promociones escolares previas. Los docentes de ahora leímos mucho menos en nuestra etapa escolar que lo leen ahora los alumnos. Leímos poco y mal porque no existía una infraestructura material suficiente y porque nadie nos enseñó a hacerlo. Somos autodidactas en la construcción de nuestra experiencia lectora. Lo cual, además de evidentes y lacerantes contras, ha tenido alguna ventaja: hemos leído lo que hemos querido, avanzábamos a tientas pero con frescura y la satisfacción de abrir un camino propio y siempre significativo; además, sabemos lo que realmente se debe proporcionar a los niños de hoy –lo que no se tenía entonces y tanto se añoraba— para fomentar la lectura.

La cantidad y calidad de lecturas a disposición de los jóvenes lectores de hace tres, cuatro o cinco décadas era mínima y precaria. Hoy, sin embargo, la oferta es muy abundante y de calidad. Los planes de estudio tampoco ayudaban en absoluto: memorizador y conceptualista, se alejó a los jóvenes del contacto directo con los textos y de su degustación estética. Hoy, afortunadamente, la lecto-escritura es un pilar fundamental del sistema educativo, al que se le presta mucha atención, al menos nominal.

La mirada retrospectiva sobre la lectura en España no es negativa: la lectura, su fomento y su cultivo en relación con la escritura ha pasado a tener un papel relevante en los planes educativos, en las preocupaciones sociales y culturales, y en las actividades docentes. El porcentaje de lectores y lectura se ha elevado mucho; la trayectoria ha sido ascendente y la cultura literaria general es más amplia, sólida y eficiente cada década que pasa.

  • Lectores y libros: el necesario realismo y la humildad en su acotación

En las reuniones en que abundan docentes y gente del mundo del libro (escritores, editores, ilustradores, etc.) se oye, en tono quejumbroso y plañidero, que los niños y jóvenes no leen, que no hay apoyo de los políticos, etc. Tiene algo de verdad, evidentemente, pero no es el factor principal en que no suban los índices lectores. Ogaño se lee mucho más que antaño, lo cual es una buena noticia.

Para centrar bien el análisis, hay que admitir que no todo el mundo tiene una gran afición a la lectura. Hay un porcentaje poco interesado en la lectura literaria por muchas razones; pero la principal es que no les gusta, y ya es bastante. Hay que respetar a esos adolescentes que prefieren el móvil, el deporte, la video-consola o el centro comercial. En ningún país el cien por cien de los jóvenes leen sin parar; eso no existe, ni existirá, y es mejor que así sea. Tampoco encuentro que sea especialmente preocupante. La lectura literaria es una afición, por tanto de cultivo libre y con total flexibilidad. El joven puede leer una temporada, dejarlo, volver, cambiar de temática, o de hábitos, etc.

La lectura, como actividad asociada a la literatura es una actividad fundamental en cualquier cultura avanzada, pero no es la única, aunque tal vez sí la más importante. Es como si los modistos, cocineros, músicos, alfareros, vidrieros, pintores, escultores, etc. clamaran porque sus actividades artísticas fueran imprescindibles y deben ocupar un lugar nuclear en los sistemas educativos y además exigieran subvenciones generosas en su cultivo y difusión. Todas las manifestaciones artísticas son nobles, necesarias para el desarrollo cultural de un país y dignas de respeto y consideración. Pero eso no implica que todo el mundo deba cultivarlas y apreciarlas como lo hace un profesional o un aficionado contumaz de cada una de ellas. Así que, en cuanto a la lectura literaria, conviene relativizar la situación y no rasgarse las vestiduras más de la cuenta. Existe un campo de juego razonable en el que conviene desenvolverse; hay más vida, nada despreciable, más allá de la lectura y de la biblioteca escolar.

  • ¿”Literatura infantil y juvenil” es una etiqueta siempre válida?

Cuando se habla de estrategias de fomento de la lectura y de selección de ellas, se aprecia claramente que esta y aquellas casi no coinciden en la EP y en ESO u Bachillerato. Un niño comienza a leer a los seis años; ya antes lo han introducido en la literatura oral; abandona el instituto a los diecisiete-dieciocho años. Son doce años donde las diferencias de desarrollo, intereses y gustos resultan abismales y, simplemente, irreconciliables. Sin embargo, la etiqueta LIJ está muy asentada y existen publicaciones periódicas y toda una literatura científica que se dedica al fomento y estudio de la “literatura infantil y juvenil”.

Parece cada vez más claro que hay que separarlas para realmente abordar el estudio y fomento de cada una de ellas. En el encuentro aludido, se vio muy claramente que las estrategias de lecto-escritura muy válidas en EP no sirven para secundaria. Los estadios de madurez personal, de gustos, de desarrollo intelectual hacen aconsejable aislar cada fase de alguna manera; o, al menos, graduarlas o matizarlas bastante.

  • La oralidad

Es una evidencia bien asentada que la afición a la lectura empieza cuando el niño escucha historias que le gustan, lo cautivan y deleitan. Un buen maestro lector ejerce una influencia positiva y duradera en el gusto por la lectura por parte de sus alumnos. La lectura expresiva, modulada y adecuada al oyente despierta aficiones, incita a probar más textos, anima a emprender la propia senda lectora.

Nunca se insistirá bastante en la influencia benéfica de la buena lectura sobre los niños. Es un modo idóneo para iniciar en el gusto por la lectura, literaria o no. El siguiente paso es que el propio niño lea para los demás. Sin tensión, sin nota, sin correcciones puntuales, sin la preocupación por equivocarse (aspectos que hace décadas se tenían muy en cuenta y chafaban y amargaban la lectura de los niños) con el respeto amable de los demás, es otro modo muy válido de ahondar en la afición lectora. Otro ámbito de lectura en voz alta es en casa. Cuando el niño es pequeño le gusta escuchar cuentos que le leen los padres para ir a dormir o en otro momento; es un ejemplo más de la importancia del componente oral para despertar la afición lectora.

  • Las emociones

Parece evidente que si no se movilizan las emociones en la lectura, no hay gusto, sino aburrimiento. La lectura –como muchas de las operaciones mentales de nuestra vida diaria, y más en la académica— contiene un alto porcentaje de componente emocional. Si el texto leído despierta, conecta o mueve algún sentimiento en el lector (especialmente el de identificación con el protagonista, o el de rechazo o afecto de las acciones narradas, o el de asombro admirativo por los acontecimientos narrados), su éxito está asegurado. Como esto sucede casi igual en los adultos, no hay que argumentar mucho más.

Cuando se pierde la emoción, sólo queda la rutina, la obligación o el aburrimiento, muy malos consejeros para incitar la afición lectora. Si el componente sentimental no existe o es escaso –por ejemplo, lo que pasaría con un texto científico o aséptico por la razón que fuere: instrucciones para poner en marcha un aparato o montar un mueble, etc.–, el impacto de ese texto será mínimo y la huella que deje, muy escasa.

  • El ejemplo de la sociedad, del centro docente y del hogar

Como todos conocemos muy bien, los niños y jóvenes tienden a tomar ejemplo de lo que ven en su entorno. En diversos grados y según la edad, la sociedad, la escuela y la casa son los tres círculos que ejercen una poderosa influencia sobre la adquisición del hábito lector. Si los tres convergen en la misma dirección, su efecto será importante y duradero, para bien y para mal. Si los alumnos ven leer a sus profesores y que estos los animan a leer como una actividad placentera, el ejemplo, de un modo u otro, será benéfico y duradero.

Por eso es importante que existan buenas bibliotecas públicas y escolares; la accesibilidad e inmediatez a los libros garantiza muchos buenos lectores; y  lo contrario, como sabemos bien los que no gozamos de esa ventaja, la ausencia de bibliotecas accesibles perjudica mucho la afición lectora. Acaso el elemento más decisivo sea la influencia de la casa familiar. Los niños reproducen los comportamientos de los mayores, y el de la lectura no es una excepción. Un hogar con padres lectores casi garantiza niños y jóvenes lectores. El corolario es evidente, y desborda con creces la aproximación escolar: es bueno que los padres lean si quieren fomentar la afición lectora.

  • La lectura y la escritura

La escritura es la otra cara de la hoja de la lectura. Son indisociables y se necesitan. Su desarrollo conjunto potencia la creatividad enormemente. Si se lee una descripción y luego se escribe otra, la potenciación del rendimiento intelectual y estético es exponencial. Leer y escribir se necesitan y se complementan perfectamente porque ambas actividades cierran un círculo intelectivo y estético de la máxima importancia para la construcción de una personalidad equilibrada y firme, analítica y crítica al mismo tiempo, sensible y flexible. Cuando conocemos nuestros límites, comprendemos mejor los de los demás.

Creemos que es muy recomendable practicar tantos modos de escritura como los hay de escritura. Sea ficción o no, funcional o estética, la práctica de la lecto-escritura garantiza a jóvenes con suficientes herramientas para desarrollar sus capacidades y para convivir en sociedades complejas.

  • La lectura escolar y la placentera. ¿Listas abiertas o cerradas?

¿Se deben imponer las lecturas en el aula? ¿Todos los alumnos deben leer al mismo tiempo el mismo libro? La respuesta obvia es negativa, pero el asunto tiene muchos matices y casuística larga y compleja. En ciertas ocasiones, todo un grupo puede leer el mismo texto con el fin de trabajarlo en clase en forma de debate, o de pequeña representación, o de lectura dramatizada, o para trabajar un tema transversal de especial relevancia (respeto por el medio ambiente, igualdad de género, respeto por los compañeros…). Y no creemos que eso sea un drama ni un error.

Como la lectura tiene un componente estético de primer orden y el factor de goce es esencial, el sentido común dice que cuanta más sea la variedad, mejor se satisfará los diferentes gustos de los lectores jóvenes. Cuanta menos coerción para leer tal o cual texto, el acercamiento será más espontáneo y auténtico y, por tanto, se favorece el crecimiento duradero de la afición lectora.

¿Y si un joven no quiere leer nada? ¿Lo dejamos tranquilo sin ninguna medida coercitiva (reflejo en la nota, por ejemplo), esperando que algún día le dé por leer? ¿Saldrá bien formado cuando acabe su etapa educativa, o los docentes han cometido fraude en pro de la libertad de elección? Parece que hay unas lecturas mínimas, literarias o no, que todo niño o joven debe leer, si no deseamos que quede con unas lagunas no sólo estéticas, sino intelectivas, muy serias. Ahora bien, dicho esto, hay que añadir que conviene abrir al máximo el abanico de posibilidades lectoras –géneros, modalidades, ritmos, tiempos, etc.–. Flexibilidad máxima y coerción mínima es un buen consejo para despertar la afición lectora.

  • La interconexión de la literatura con otras artes y las TIC

La lectura, y en concreto la literaria, no es un árbol aislado en un campo yermo. Se ve muy determinada por otras artes y por elementos externos, como por ejemplo el soporte físico. La calidad del libro de papel, la presencia de ilustraciones, de color, el tipo de pasta, etc., influyen en la experiencia lectora. El libro electrónico, el móvil y la tableta han cambiado mucho el hábito lector. En un pequeño artilugio se pueden almacenar miles de libros y disponer de ellos en cualquier momento. El libro ilustrado, o el desplegable, son maravillosos inventos que fomentan la afición lectora. Ahora, además, se ha desarrollado el libro interactivo; el texto escrito está acompañado de sonido y de acceso inmediato, “a un clic”, como se dice en la publicidad, a otras fuentes y recursos. Es la famosa intertextualidad o hipertextualidad.

Indudablemente, estos factores están revolucionando el modo de leer. No debemos desdeñarlos, pues los jóvenes, grandes aficionados a estos artilugios electrónicos, los usan asiduamente y con gran gusto. Parece lógico aprovecharlos para fomentar el gusto lector, más allá de los hábitos de los adultos, muy determinados por decenas de años practicando un tipo de lectura (normalmente, en papel, a solas, etc.). Estos mismos factores operan en la escritura; se deben tener en cuenta para el desarrollo de las capacidades lecto-escritoras. Esta interacción va en contra de los puristas que rechazan todo tipo de adaptación. Por nuestra parte, con gusto y buena intención, no las rechazamos.

  • La necesidad de la biblioteca escolar eficiente: su dinamización

La biblioteca escolar es un elemento decisivo en el desarrollo de la afición lectora de niños y jóvenes. Desgraciadamente, hay que admitir que, en lo referido a España, apenas se han desarrollado en las últimas décadas. Muchas están cerradas o semiabandonadas, lo cual es lacerante y muy irresponsable por quienes tienen la obligación de fomentar su uso y facilitar su potencial lector y educativo, dotándolas de los recursos económicos necesarios.

Si no hay docentes formados y con suficientes horas para abrir la biblioteca en todo el horario escolar, ¿cómo va a funcionar bien? Todo se ha dejado en manos del voluntarismo de los docentes. Hay que decir que existen bastantes de ellos muy comprometidos en la dinamización de ese hermoso rincón que es la biblioteca del centro educativo.

El responsable de la biblioteca puede organizar: lecturas públicas con cualquier pretexto o celebración, exposiciones, paseos literarios, pequeños clubes de lectura, concursos de casi cualquier cosa (creación, lectura, comentario, pintura, maquetas, etc.). También puede acercar los textos a las clases y presentarlos brevemente, y un largo etcétera. Su apertura en el recreo es fundamental para gestionar el préstamo y facilitar su uso por alumnos y profesores especialmente lectores.

Los centros que cuidan su biblioteca y la dinamizan convenientemente crean alumnos lectores con un rendimiento académico más alto y unas expectativas intelectuales superiores. Como vemos, no se trata sólo de leer para disfrutar, sino para desarrollar destrezas intelectivas, comunicativas, lingüísticas, etc.

A modo de conclusión, conviene recalcar la importancia de la lectura –y su fomento a través de la biblioteca escolar– para desarrollar destrezas intelectivas, emocionales y estéticas que son fundamentales para la conformación de una personalidad más plena, consciente y activa en las complejas sociedades del siglo XXI.

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