Gloria Fuertes: «Isla ignorada»; análisis y propuesta didáctica

“ISLA IGNORADA”
Soy como esa isla que ignorada,                                  1
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,                                                            5
—sola sólo—.
Hay aves en mi isla relucientes,
y pintadas por ángeles pintores,
hay fieras que me miran dulcemente,
y venenosas flores.                                                         10
Hay arroyos poetas
y voces interiores
de volcanes dormidos.
Quizá haya algún tesoro
muy dentro de mi entraña.                                         15
¡Quién sabe si yo tengo
diamante en mi montaña,
o tan sólo un pequeño
pedazo de carbón!
Los árboles del bosque de mi isla,                            20
sois vosotros mis versos.
¡Qué bien sonáis a veces
si el gran músico viento
os toca cuando viene el mar que me rodea!
A esta isla que soy, si alguien llega,                         25
que se encuentre con algo es mi deseo;
—manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo—.
Un nombre que me sube por el alma
y no quiere que llore mis secretos;                           30
y soy tierra feliz —que tengo el arte
de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—.
Para mí es un placer ser ignorada,
isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo sin un libro                        35
sé todo, porque vino un mensajero
y me dejó una cruz para la vida
—para la muerte me dejó un misterio.
                               De Isla ignorada (1950)
1. ANÁLISIS
1. Resumen
El contenido de este poema de Gloria Fuertes (Madrid, 1917-1998) , titulado «Isla ignorada» se centra en una autobiografía poética de tono intimista y existencialista. Se presenta de modo plástico y dinámico, como el movimiento de la vida. La poeta se compara con una isla en medio del océano, sola e incomprendida: esta imagen nos transporta a su persona, rodeada también de mucha gente, metaforizada en el mar, pero que no la entiende. Quizá por eso se contempla a sí misma y encuentra en su interior aves, flores, fieras, arroyos y volcanes. Si observamos los adjetivos que acompañan a estos sustantivos, vemos que alternan los de significación positiva y amable  (“relucientes”), con otros menos optimistas (“venenosas”). El yo poético está seguro de que quien se acerque a ella, a su «isla», encontrará una recompensa porque es «tierra feliz» (v. 31) que alberga «tesoro» en su interior; pero hay que descubrirlo. Se cierra el poema con una reivindicación de su soledad orgullosa y de la seguridad de hacer lo que debe.
2. Temas del poema
El poema presenta los siguientes temas:
-Autobiografía intimista y analítica; el yo poético mira hacia su interior y se ve como una isla en un mar no siempre amigable.
-Reconocimiento de los aspectos –positivos y negativos, pero no bien conocidos– de su personalidad: generosidad, riqueza emocional, pero también recovecos inquietantes y secretos.
-Lamento de la incomprensión de los demás y, a la vez, reivindicación de su aislamiento.
3. Apartados temáticos
-Primer apartado (vv. 1-6): presentación del yo poético y de su rasgos esencial; es un ser humano fuerte y definido, pero en medio de una sociedad muy distinta.
-Segundo apartado (vv. 7-19): describe o explica lo que existe en su isla, es decir, enumera sus rasgos de carácter, lo que esconde su interioridad.
-Tercer apartado (vv. 20-32): se trata de una exégesis de todas las metáforas e imágenes anteriores. al mismo tiempo, aparece la expresión del deseo de ofrecer algo bueno a quien se acerque a su isla.
-Cuarto y último apartado (vv. 33-38 y final): reivindación de su soledad y confirmación de que posee el conocimiento de su existencia; desvela que alguien (parece que de naturaleza mística) le ha comunicado su «cruz» que ha de llevar en vida y un «misterio» para la muerte. Se cierra el poema con un tono existencial intenso.
4. Métrica y rima
El poema está compuesto de treinta y ocho versos agrupados en una sola estrofa y de extensión desigual; oscila del tetrasílabo (v. 6), al tetradecasílabo (v. 24). No tiene una rima reconocida, aunque de vez en cuando se pueden distinguir pareados (vv. 24-25) y, sobre todo, tercetos y tercerillas (vv. 7-9, 30-33, etc.). Su estructura formal, es, pues, sencilla: alternan los versos de arte mayor y menor, pero abundan los heptasílabos y los endecasílabos, creando un ritmo cadencioso y musical. Aunque una primera impresión nos permitiría hablar de rima libre, abundan las rimas asonantadas en forma de pareados o romances. Desde el verso 26, la asonancia en é-o es muy regular. En conjunto, estamos ante un poema en verso libre, propio de la poesía moderna y muy extendido desde principios del siglo XX.
5. Comentario estilístico
La poeta no oculta su intención de ser entendida inmediatamente por el lector, pues el poema huye del retoricismo alambicado y del oscurantismo. Es propio de la poesía de mediados de siglo, marcada por la guerra civil española, el existencialismo, la intención ideológica y el deseo de influir en la comunidad lectora.
La poeta se ve como una isla en medio de un océano poco amigable. También realiza un recorrido por la isla (su persona, en realidad), enumerando su contenido. Los objetos encontrados en el interior se remiten a metáforas de elementos positivos y negativos, donde observamos un gran esfuerzo de objetivación por parte de la poeta. Diríamos que se autocontempla con equidistancia y cierto pesimismo, atemperado suavemente a medida que avanza el poema. Un elemento destacado es la soledad en la que vive, muy destacada con la aliteración y juego de palabras en torno al verso 6: “sola solo”. Por otro lado, la antítesis “diamante/carbón” que puede haber dentro de ella expresa muy bien los dos polos en los que se mueve el yo poético, que duda también de lo que realmente puede haber en su seno.
En los versos 20-21 se produce un cambio en la línea temática. La poeta ahora se dirige, en un cierto ejercicio metapoético, a sus versos, que identifica con los árboles de su isla. Ellos pueden producir música, es decir, belleza y felicidad, si el viento sabe mecerlos. A partir del verso 25 manifiesta su vaga esperanza, acaso deseo, de que alguien llegue a su isla. Le ofrece “manantiales de versos encendidos”; en esta bella imagen se encierra la generosidad, el ansia de belleza y la pasión que bullen por su interior. Completa su interior “cascadas de paz”, metáfora que podemos identificar con la liberalidad e impetuosidad que brotan de su alma.
Sus titubeos en sordina acerca de su estado interior se resuelven cuando afirma que “soy tierra feliz” (v. 31). A pesar de presentimientos negativos, su isla, el yo poético, se mantiene pobre y dichoso, pero con firmeza, en un estado de felicidad más expectante que experimentada. En el verso 33 comienza un movimiento de síntesis del contenido desplegado a lo largo del poema. La repetición de “ignorada” alude a su anonimato, que reivindica con orgullo. Repite la expresión “isla ignorada”, que ya la vimos en el v. 1 (y que da título al poema y al poemario: su importancia es esencial para la comprensión del mensaje poético: la poeta se siente sola, feliz y desconocida; observemos su tono reivindicativo, pero sin despejar del todo las dudas angustiosas que circulan por su interior).
Los cuatro últimos versos comprimen todo el sentido poemático: afirma con rotundidad que se halla “en el centro del mundo”; ahora ya sabemos que el mar de la isla se identifica, en efecto, con el mundo o la sociedad que la rodea. En ese lugar, la poeta sostiene que “sin un libro lo sé todo”; es una flagrante contradicción paradójica con todo lo expresado hasta ahora, donde había deslizado contradicciones, temores y anhelos, pero pocas certezas. El sintagma “sin un libro” alude al saber natural e intuitivo, interior, como más importante que los conocimientos sólo memorizados y exteriores, carentes de transcendencia. Añadamos que la preponderancia del “yo”, la subjetividad, a lo largo del poema se aprecia muy bien en las frecuentes apariciones de verbos y pronombres personales en primera persona  (“Soy”, primera palabra del poema; “Para mí…” (v. 33), etc.).
Un “mensajero”, del que no desvela su identidad (acaso posee una significación emocional, o espiritual, o existencial) le dejó una “cruz para la vida”; alude a cierto sufrimiento o motivo de amargura (acaso la soledad e ignorancia de su persona en una sociedad alienada y sometida). “Para la muerte me dejó un misterio”, el verso final, parece desprender un significado existencial y religioso. Los oxímoros finales, cruzados en quiasmo y con repetición de “deja”, nos deslizan un estado de ánimo del yo poético atravesado por la contradicción, cierta angustia existencial soterrada y más dudas que certezas.
En su aparente sencillez formal y expresiva, el poema expresa tensiones internas del yo poético, sometido a emociones contradictorias y opuestas: de la paz y la felicidad, a la angustia y el temor de no encontrar el sentido de su existencia y que los demás no sepan valorarla en sus justos términos. Por eso el mensaje más subliminal oscila de la reivindicación orgullosa al conformismo escéptico; ambos se cruzan en el concepto de “isla ignorada”. ¿Ignorada porque no desea ser conocida y se aparta voluntariamente del mundo, o porque los demás, la sociedad, el mar, no saben apreciar su “diamante” porque “no me entiende” (v. 3)?
Las frecuentes antítesis y paradojas que aparecen en el poema evidencian muy bien estas emociones contrarias que desgarran a la poeta en su interior más íntimo. Un ejemplo muy elocuente lo encontramos en el verso 9: “hay fieras que me miran dulcemente”. En esta paradoja, en sí muy ambigua, nos revela que alguien sí parece entenderla, o que ella desea ser entendida. ¿La comprende porque ella misma es algo “fiera”, o sólo por compasión más o menos indulgente?
El poema se nos revela como una honda reflexión personal de carácter autobiográfico y de naturaleza existencial. La escritura transparente anuncia un deseo decidido, por parte de la poeta, de ser entendida (lejos, pues, de la torre de marfil o de oscuros retoricismos que sólo se dirigen a la minoría), aceptada y apreciada. Su mirada interior, radical y sincera, le permiten ver sus anhelos y miedos, sus virtudes y defectos, pues sólo es una “isla”, una persona en medio de la sociedad. A nosotros, lectores, nos coloca en una situación a mitad de camino entre mirones y jueces. Su apelación oscila entre la leve insinuación hacia la indulgencia comprensiva y la reivindicación decidida de su personalidad.
6. Contextualización
Gloria Fuertes (Madrid, 1917-1998) es una excelente poeta española de posguerra, conectada con el postismo y la poesía existencial y social, sin perder nunca su voz propia. Este poema salió a la luz en el libro del mismo título, Isla ignorada, en 1950 (Musa Nueva, Madrid). Fue su primer libro de poesía; se publicó cuando contaba con treinta y tres años de edad, lo que no era fácil en su momento por mujer y por la penosa situación socio-económica de la España de posguerra.
Algunos de sus poemarios más conocidos son Ni tiro, ni veneno, ni navaja (1965), Poeta de guardia (1968), Mujer de verso en pecho (1995) y, el póstumo, Poemas prácticos más que teóricos (2011). Escribió guiones, cuentos, teatro y poesía dirigida a los niños, con gran éxito de audiencia, como Canciones para niños (1952), El gran libro de los animales (1999), etc.
7. Interpretación y valoración
La lectura del poema nos revela que estamos ante una autobiografía poética, reflexiva e intimista. Justamente este contenido y tono nos recuerda inmediatamente el “Autorretrato” de Antonio Machado, que seguramente conocía Gloria Fuertes. El carácter existencial —cierta visión pesimista, amarga y dolorida de la existencia, además de la presencia de la muerte— es propio de la época en que lo escribió. No olvidemos que la Guerra Civil española, con toda su secuela de dolor y muerte, había acabado once años antes.
Diríamos que la poeta nos invita a contemplar todo lo que encuentra en su interior, que se balancea entre el “diamante” y el “carbón”. El yo poético nos lo presenta sin tapujos, ansioso de comprensión y comunicación. Y para que no podamos escapar a su llamada, el poema desliza un permanente y pertinaz mensaje subliminal de deseo de interlocución entre el emisor y el receptor, para que la poeta deje de ser “isla ignorada”, tal vez lo que es el lector, y se cree una comunicación afectiva de personas en comunidad.
2. PROPUESTA DIDÁCTICA
2.1. Comprensión lectora
a) Resume el poema (100 palabras) y sintetiza su tema o idea principal en una oración.
b) Expón los aspectos métricos, de rima y de posible estrofa utilizada.
c) Selecciona una docena de recursos estilísticos y explica su significado dentro del poema. Los más comunes son: metáfora, comparación, paralelismo, antítesis, aliteración, quiasmo, dilogía, epíteto, exclamación retórica, dialogismo, polisíndeton, elipsis, paradoja, etc.
2.2. Interpretación y pensamiento analítico
a)  ¿Por qué la poeta se siente como una isla ignorada? ¿Piensas que es un estado positivo o negativo? Razona la respuesta.
b) Gloria Fuertes recurre a elementos naturales para expresar sus emociones: recoge en una columna esos elementos (viento, agua, árboles…) y en otra, correlativa, su significación (pasión, aislamiento, riqueza espiritual…).
c) La poeta afirma: «Hay fieras que me miran dulcemente» (v. 9). Es una paradoja porque el sentido en sí es contradictorio. Busca otras en el poema e interprétalas.
d) ¿Cómo apreciamos la reivindicación de su estilo de vida y carácter en el poema?
2.3. Fomento de la creatividad
a) La lectura declamatoria, acompañada de música e imágenes, es una actividad educativa de primer orden. Es importante fijarse en el ritmo del poema, percibir su musicalidad, lograda a través de la rima, la longitud de los versos, la selección de palabras, las pausas, los recursos propios del nivel fónico, etc.
b) Exponer la situación social, política y cultural de la España de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX resulta muy enriquecedor para la lectura comprensiva del texto. Se puede realizar en forma de texto y leer en clase, o realizar un cartel, o una exposición con medios TIC.
c) Crear un texto literario más o menos inspirado en el poema de Gloria Fuertes. No importa el género, ni la extensión, ni los procedimientos retóricos. Es significativo que, bajo una personalidad ficticia, un “yo poético”, el alumno indague en el interior de su persona  –real o no, poco importa–  en un intento de conocerse, apreciarse y exponerse ante los demás. Por su propia naturaleza, ha de ser breve y sugerente, que acaso plantee más dudas que respuestas, etc. Se puede leer en clase y establecer un coloquio entre compañeros sobre el resultado alcanzado por cada uno.

 

 

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