José Luis López Cid: «El descielo y otras historias. Narrativa completa», edición e introducción de Simón Valcárcel Martínez

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Con el libro que aquí se presenta culmina la publicación de la producción literaria del escritor ourensano José Luis López Cid (Ourense, 1916-1992). Se inició en 1992 con Edipo abandonado y otras farsas y se cerró en 1996 con El descielo y otras historias. Narrativa completa, ambas editadas por el Área de Publicaciones de la Diputación Provincial de Ourense.

López Cid supo compatibilizar la tarea docente con la creación literaria de un modo digno y perseverante durante muchos lustros a partir del año 1945. En concreto, escribió los cuatro relatos que nos ocupan en la década comprendida entre 1947 y 1957. Su esfuerzo se nos hará más evidente si pensamos en las penosas condiciones materiales y morales en las que se desenvolvió la sociedad española de ese período. Producto de esta entrega a la docencia y a la escritura creativa es la nutrida lista de discípulos que lo recuerdan con cariño y respeto, y el conjunto de obras dramáticas y narrativas que ahora están a disposición del lector en dos volúmenes correctamente editados.

Contibuir a la divulgación de la faceta del López Cid novelista ha sido para mí, como responsable de la edición de las novelas, una fuente de alegría y satisfacción, unidas ambas a un vago pero persistente sentimiento de responsabilidad que me han acompañado a lo largo de los años de la preparación de los originales para la imprenta. El descielo y otras historias recoge todos sus textos de ficción en prosa. He acompañado este volumen de un estudio introductorio en el que se analizan los procedimientos narrativos, las características estilísticas y temáticas más importantes y una indagación sobre la intención y sentido de cada una de las novelas.

López Cid fue un escritor a contra corriente en la España de posguerra; se apartó del realismo social y del tremendismo para alinearse con las líneas narrativas más innovadoras. Desde sus novelas, fomentó valores de solidaridad, autenticidad y honestidad en una sociedad muy tocada tras la guerra civil española. Finalmente, utilizó técnicas narrativas modernas y propias de lo que luego se llamaría «novela estructural».

Pero echemos, aunque sea con brevedad, una hojeada a las novelas de López Cid. En todas ellas encontramos una mirada poética sobre la sórdida realidad de la España de principios y mediados del  siglo XX.

La primera de ellas,  Historias de  Finisterre es una novelita de lectura agradable y significativa. Se trata de una novela de aprendizaje, en cierto modo juvenil, alegre y confiada en la vida, en un ambiente marinero gallego. Sin embargo, el destino del protagonista, Florencio Ibeas, es un aviso de que la vida es de cualquier color menos del rosa.

Los años del potro encantará al lector por la magnífica recreación del Ourense de preguerra. Es una novela en cierto modo historicista que ofrece una fotografía seguramente más genuina que muchos libros de historia sobre el ambiente socio-político y cultural que predominaba en los años 30 en la ciudad de Las Burgas. Su final, entre lo trágico y lo melodramático, hace que la foto se torne sepia y nos conmueva vivamente.

Crisópolis es una novela de ciencia-ficción que plantea una problemática religiosa en un mundo deshumanizado. López Cid escribió este relato en una época de firme creencia en el cristianismo como fuente de resolución de los conflictos existenciales. La novela posee una trama bien urdida y llevada con fluidez. Desde un simple artículo de periódico del año 49, López Cid supo construir un mundo novelesco absolutamente novedoso en el panorama literario español de la época, lo que se le reconoció con el Premio Ateneo de Madrid del año 1956 y la edición a cargo de la ya desaparecida Editora Nacional.

El descielo es, sin duda, la mejor novela de las escritas por López Cid. Desde el punto de vista del contenido, se plantea el reingreso a la sociedad civil –miserable y corrupta hasta límites más que inquietantes– de un personaje desencantado después de haber luchado en nuestra guerra civil del lado de los vencedores. Desde el punto de vista narrativo, el texto está muy bien construido: la trama resulta perfectamente planificada y posee unos elementos de intriga que alimentan la expectación del lector, no satisfecha hasta el final. Diálogos fluidos y una acertada selección del lenguaje utilizado se unen para darnos un relato denso y muy bien escrito en el que muchos ourensanos pueden reconocer (y reconocerse) los difíciles tiempos de posguerra.

En conjunto , se trata de cuatro novelas empapadas de lirismo en la captación de la naturaleza y de los conflictos del ser humano. Asimismo, todas ellas plantean una reflexión honesta y honda sobre los problemas más candentes de la sociedad de antes y después de nuestra Guerra (fanatismo político, desmoralización de la sociedad, la religión como fuente de energía vital, corrupción generalizada entre la gente del común, etc.). Todos estos ingredientes, junto con una visión poética y radicalmente honesta de la realidad que ofrecen estos relatos diestramente escritos; invitan a una lectura que en absoluto defraudará al lector.

López Cid no aparece, todavía, en un lugar señero en las historias de la narrativa española de posguerra. Sin embargo, supo aportar con gran calidad y perspicacia, a través de sus novelas, su visión de unos tiempos poco alentadores. Los dibujos de varios artistas ourensanos que lo conocieron y compartieron su amistad ilustran acertadamente el volumen, presentado en el Ateneo de Ourense en un entrañable acto público el 13 de noviembre de 1996 (y del que la prensa local dio cuenta).

Este texto se complementa con el volumen de teatro Edipo abandonado y otras farsas, libro que incluye en la sección «Teatro breve» las piezas Los cazadores de dotesDragón profesionalEl festín de Baltasar. En la sección de «Drama» podemos disfrutar de tres buenas obras, El embarcadero, La torre de BabelEilbrief. Un «misterio mariano» titulado La mujer probada nos recuerda los autos sacramentales, en boga por esos días de la primera posguerra. Finalmente, la sección de «Tragedia» incluye Los filos de la guadañaEdipo abandonado.

Todas las piezas poseen una diestra composición, suelen tocar temas sociales importantes en aquellos momentos y exhiben un lenguaje directo e incisivo. El prólogo de su amigo y profesor Manuel Zabal Lázaro ubica los textos en su momento y aquilata sus virtudes. Bellas ilustraciones de amigos artistas ourensanos acompañan al texto. Otro hermoso texto lleno de luminosidad y ternura escrito por José Ángel Valente, amigo de López Cid, ayudan a comprender la importancia de este profesor y literato en la vida cultural del Ourense de posguerra. Un epílogo, de tono lírico, a cargo de María Fe Santiago Bolaños sobre la figura de Edipo, cierra el libro.

Estos dos volúmenes son un ejemplo de lo que una persona muy bien formada, con inclinaciones literarias, supo aportar, con humildad y valentía, desde una esquina de España a la cultura española de posguerra. Desde aquí recordamos con admiración y cariño a López Cid, en el centenario de su nacimiento, y recomendamos vivamente su lectura, que nunca defrauda; exhortamos a los estudiosos a tener en cuenta estas obras narrativas y dramáticas llenas de verdad y talento. El IES «As Lagoas», de la ciudad de Ourense, mantiene su recuerdo dando su nombre al departamento de Lengua Castellana y Literatura, donde él ejerció de profesor varios años, hasta su jubilación.

En el otoño del año 1989 hicimos una excursión a la hermosa región zamorana de La Sanabria José Luis, el amigo común, poeta y profesor Manuel Zabal Lázaro y quien suscribe estas líneas. Entre robledales y el lago, entre jugosas conversaciones unamunianas, pudimos comprobar y disfrutar de su sensibilidad literaria y sus amplios saberes. En dos días inolvidables, López Cid nos dejó un recuerdo sentido y hondo de su sentido de la amistad y de su generosidad.

 

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