«Las crónicas de Indias como expresión y configuración de la mentalidad renacentista» (Simón Valcárcel Martínez), un análisis completo y original sobre la decisiva importancia de los textos cronísticos del siglo XVI en la mentalidad renacentista española

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Estamos ante un estudio académico sobre las crónicas de Indias, desde los «Diarios» de Cristóbal Colón hasta los amplios y meditados textos de Fernández de Oviedo o del Padre Las Casas, pongamos por caso. Se explora las claves compositivas y narratológicas, junto con los lineamientos ideológicos que sustentaron su elaboración. El tramo temporal considerado es el siglo XVI, generalmente aceptado como coincidente con el Renacimiento español.

Primero se aborda la «invención de América», es decir, el encaje físico y mental de una nueva realidad continental que trastocaba los conceptos geográficos con milenios de antigüedad. La tarea de los cronistas por presentar a América como el lugar de la utopía, reservado por Dios para los españoles, fue de gran calado y empeño, pero no todos ni siempre triunfaron.

El mito de la Antigüedad como modelo de civilización perfecto y la querella de los antiguos frente a los modernos cobra especial relevancia en el contexto de los cronistas, que niegan la validez del mismo y proclaman, por ejemplo, que la circunnavegación del globo por la nao «Victoria», de mano de los españoles, es un ejemplo claro de su superioridad sobre los antiguos.

En los propios tiempos de los cronistas se levantó una vidriosa y áspera polémica: los hechos de descubrimiento, conquista y colonización de los españoles, ¿son ilustres hazañas o más bien ejemplos de codicia insaciable? Cortés, Díaz del Castillo y un largo etcétera defendieron enérgicamente que ellos superaron con creces todas las hazañas exploratorias conocidas, desde Alejandro Magno en adelante. Pero enfrente se encontraron con que el el Padre Las Casas y sus seguidores les afeaban su conducta y, manipulando los datos, propagaron la idea de que los conquistadores y colonizadores no fueron más que bandas de ladrones. Los nobles e inteligentes esfuerzos por superar esta antinomia nos han dado algunos de los mejores frutos de la cronística de Indias, como es el caso de Cieza de León o el Inca Garcilaso.

La cuestión del otro, el indígena, en este caso, ocupa un capítulo en el que se analiza con detalle las dos visiones contrapuestas: sólo un objeto, o un sujeto con todas las garantías teológicas y jurídicas que cabían para cualquier cristiano y español. Aquí se puede apreciar el ingente esfuerzo de los teólogos salmantinos y muchos frailes cronistas, franciscanos, jesuitas  y dominicos principalmente, por integrar a los indígenas en el seno de la comunidad humana.

La etnografía indiana es de una importancia y significación todavía no bien valorada. Muchos cronistas españoles, desde el primer momento, se esforzaron por recoger las culturas indígenas en sus más variados aspectos. Desde una perspectiva de comprensión y respeto, los cronistas etnógrafos facilitaron la entrada a la historia en lengua escrita de cientos de culturas indígenas hasta entonces olvidadas, o sólo basadas en la memoria. La ingente labor de Motolinía, Mendieta, Bernardino de Sahagún, Durán, etc. (área mesoamericana); de Cieza de León (área andina y amazónica); de Acosta, Oviedo, Las Casas, López de Gómara, etc. (visión general) es de una inteligencia e importancia decisivas. Ellos contribuyeron decisivamente a que Occidente comprendiera y aceptara un nuevo continente con sus pobladores y culturas como parte de la humanidad, de la historia, del mundo.

La naturaleza americana, exuberante, extremosa, nueva y grandiosa fue contemplada admirativamente por los cronistas. Desde el primer momento alabaron su feracidad y se inventaron mecanismos mentales de aceptación de un marco natural radicalmente novedoso.

Los modelos de comunicación escrita del Renacimiento operan en los cronistas con tensión y fricciones frecuentes. Muchos cronistas no dominan el latín ni los procedimientos retóricos de la escritura elegante. Los cronistas aceptan que ellos no son humanistas, ni historiadores de despacho, sino gente de acción con intereses literarios que desean dejar constancia de sus hechos y sus reflexiones. Cuando Díaz del Castillo afirma que escribe «a las buenas llanas» nos ofrece una llave del modelo que adopta: escribir como se habla, en la tradición del mejor Renacimiento garcilasista literario español. En cierto modo, estos cronistas reinventan la autobiografía, la carta, el informe, el anal y otros modelos heredados que han de flexibilizar y adaptar a sus inauditas empresas exploradoras.

La retórica, ¿es necesaria? Los cronistas humanistas (Gómara, Las Casas), contestan afirmativamente; pero la gran mayoría la rechazan por antigua e inadecuada a sus intereses narrativos o ideológicos. Para decir la verdad, no hacen falta recurrir a la «auctoritas» antigua, pues ellos lo avalan con su experiencia, y los antiguos no lo vieron.

En la misma línea, rechazan que se haya de escribir en latín. El castellano, ya lo había proclamado Antonio de Nebrija, es la lengua que acompaña a los conquistadores y colonizadores españoles. Es una lengua hábil y suficiente para expresar todo lo necesario acerca de un Nuevo Mundo que precisamente ellos, los cronistas, y no otros, fueron los primeros en ver, admirar y proclamar en lengua escrita.

Este volumen, que consta de 545 páginas y al que acompaña una abundante bibliografía, ha sido publicado por la Excma. Diputación Provincial de Granada en 1997 y está disponible en librerías y en internet.

 

 

 

 

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