Pasión por enseñar

 

PASIÓN POR ENSEÑAR

(Simón Valcárcel Martínez)

 

Para encabezar estas líneas, he tomado el título del maravilloso y fecundo libro de Christopher Day (Pasión por enseñar. Madrid, Narcea, 2006). Estamos ante un texto lleno de sugerencias muy acertadas que pueden ayudar al docente a alcanzar la excelencia profesional. Este pequeño ensayo es el fruto de una reflexión sobre la necesidad de la emoción en la actividad docente según mi experiencia y conocimientos, pero debe mucho a las ideas del profesor Day. Es bueno que el profesor reflexione sobre su experiencia docente, la ordene, argumente y discuta con sus colegas; constituye una buena herramienta de mejora.

El contexto en el que nos movemos es inquietante y, al mismo, tiempo, incitante porque hay oportunidades que podemos aprovechar antes de que pase el último tren. Ahora mismo, en España, estamos inmersos en la implantación de una reforma educativa poco consensuada y nada explicada; la inquietud entre los profesionales cunde y la incertidumbre sobre su éxito, creciente. Es obvio que la educación no funciona todo lo bien que debiera, por lo que es necesaria una reflexión y debate para introducir modificaciones consensuadas e inteligentes que la mejoren. Esta es una pequeña contribución al debate con la intención de suscitar la reflexión positiva y constructiva.

La singularidad de la actividad docente

El trabajo del docente (maestro o profesor) es singular y de extraordinaria importancia. Y es así porque afecta decisivamente a la construcción de la personalidad de los niños y jóvenes, futuros ciudadanos de una sociedad democrática, compleja y en constante movimiento. El docente desarrolla su labor entre personas de corta edad, confiados por las familias a los centros educativos para que los eduquen.

El profesor no trabaja con objetos inertes ni abstracciones intelectuales, sino con seres humanos en fase de aprendizaje, es decir, predispuestos a la asimilación de contenidos de todo tipo. No podemos defraudar sus expectativas ni abandonar la responsabilidad de proporcionarles una formación significativa, completa y útil. Educar es una tarea delicada que también incide sobre el carácter de las personas y sobre su futuro social y laboral, más allá de la adquisición memorística de conocimientos. Una buena educación es garantía de una sociedad armónica y coherente, proyectada hacia el futuro.

Docentes parcialmente desmotivados

A todo país le interesaría poseer unos docentes motivados, capacitados y estimados. Desgraciadamente, eso ocurre en pocos países. En España se ha avanzado muchísimo, pero aún queda un gran trecho de camino por recorrer. La cualificación profesional de los docentes ha mejorado sustancialmente en las últimas décadas; el interés por realizar correctamente su tarea profesional es palpable en las salas de profesores.

Sin embargo, un preocupante porcentaje de docentes carece de una alta motivación por causas diversas y sin herramientas para mejorar. Las razones más importantes de la frustración son conocidas de todos: aumento exagerado de las tareas burocráticas, presión creciente de los requisitos normativos, carencias en la formación, insuficientes incentivos económico-laborales y ausencia de un modelo estable consensuado sobre el marco legal educativo. Es urgente actuar sobre esos docentes (y también sobre los que están en período de formación) para aumentar la calidad de su actividad educativa y asegurarse una influencia positiva y éticamente aceptable sobre los pupilos.

La importancia de las emociones y la pasión en la docencia

Cuando le preguntan a los adultos quiénes fueron sus mejores profesores y por qué, la respuesta mayoritaria es muy significativa: son aquellos docentes que mostraron hacia ellos, cuando eran niños o jóvenes, respeto, cariño, afecto comprensivo, justicia y apasionamiento en sus clases. Si estas son las cualidades más apreciadas, la formación del profesorado debería incidir más en ellas; del mismo modo, el docente debe esforzarse por adquirirlas porque son, simplemente, la mejor garantía del éxito profesional y el camino hacia la plena satisfacción personal.

La pasión es imprescindible en la enseñanza significativa y constituye un requisito ineludible de la buena educación. El docente debe sentir que su actividad tiene un sentido profundo y significativo para él y para sus alumnos. La pasión, entendida como un sentimiento intenso que explica y justifica la realización de la labor docente, es necesaria porque el desgaste generado por la actividad educativa es muy alto; esta erosión necesita un contrapeso que ayude a los docentes a mantenerse en su alto nivel emotivo que proporcione sentido a su labor educativa.

Características del docente apasionado

Day resume muy atinadamente las características del docente apasionado.

1. Posee valores éticos que lo impelen a actuar con sinceridad, justicia y sabiduría práctica en el entorno de la tarea docente diaria. El profesor no es una máquina, sus alumnos tampoco, por lo que debe actuar con humanitarismo y un sentido general de benevolencia comprensiva las actividades e incidencias que se plantean en el desarrollo docente.

2. Su identidad personal profesional, fuerte y estable (paradójicamente, dentro de un cambio casi continuo), le permiten desenvolverse equilibradamente con cognición y emoción (cabeza, corazón y mano) según las necesidades de los alumnos. El afecto, el tacto, en el trato con los alumnos es fundamental para el éxito de la educación. Si el docente se conoce a sí mismo –con sus fortalezas y debilidades– es mucho más eficaz en su desempeño.

3. La pasión genera curiosidad, lo que garantiza un conocimiento de la enseñanza y del conjunto de los diversos enfoques docentes, seleccionando los más aptos para cada contexto. Complementariamente, la desgana acelera la desidia y la falta de preparación profesional, pues el docente ni siquiera se pregunta si está realizando bien o mal su actividad. La pasión por el propio aprendizaje y el desarrollo profesional requiere una reflexión permanente para discernir qué aspectos van bien o, por el contrario, pueden ser mejorados.

Las modalidades reflexivas sobre la práctica docentes pueden ser:

-“Preparación para lo que hay que hacer”; se realiza a nivel individual, espontáneo y sin planificar; está bien, pero es insuficiente.

-“Incidentes (o etapas) críticos” es un modo de reflexión más cuidadoso y profundo que ayuda a enriquecer las estrategias docentes. Hay que interpretar, tras el análisis riguroso, los acontecimientos indicativos de tendencias, motivos, etc., tanto a nivel individual, como social; suelen acarrear cambios personales y profesionales importantes.

-“Reflexión autobiográfica” redunda en una invitación a escribir un diario profesional del día a día para analizar la actividad docente, detectar los puntos débiles y buscar una solución; lo idóneo sería compartirlo con colegas.

-“Investigación-acción” («Action Research», en inglés) es la última modalidad y, creemos, la más interesante y útil. Sus rasgos distintivos son: ha de arrancar de una necesidad sentida en el contexto escolar; los participantes adaptan su trabajo a las circunstancias sobrevenidas; se dispone un calendario de implementación suficiente; sería positivo consultar con expertos que monitoricen el proyecto; deben propiciarse oportunidades para compartir la experiencia y aprender mutuamente; se estimula la experimentación en el aula; se minimiza el riesgo; y, finalmente, aparece una combinación de presión y apoyo son consustanciales a este sistema.

4.  Actúa con esperanza: le permite actuar con una visión positiva del aprendizaje y el rendimiento de todos los alumnos, no de unos pocos. Relacionado con ello aparece el tacto del docente (una cualidad muy estudiada por Van Manen): sensibilidad ante los pensamientos y sentimientos de los alumnos, interpretación de la importancia psicológica y social de las características de la vida interior, sentido de los niveles, límites y equilibrio y, finalmente, intuición moral para sentir lo que hay que hacer según las circunstancias de los alumnos.

5.  El compromiso consigo mismo y con los alumnos le permite desarrollar su enseñanza con responsabilidad y centrado en la persona. Este compromiso va unido al dinamismo y la reflexión, individual y colectiva. En este sentido, añadimos algunas orientaciones para guiar al profesor comprometido (tomadas de Zehm y Kotter: On Being a Teacher: The Human Dimension, California: Corwin Press Inc., 1993), enunciadas como exhortos:

-Cuídate a ti mismo: el docente debe tener un elevado nivel de autoestima.

-Sé interesado e interesante: inocula en tus alumnos la curiosidad natural sobre la materia e incítalos a hacer preguntas.

-Busca un mentor o amigo crítico: el aislamiento llevan al cansancio y a la desesperanza. Los departamentos didácticos y las salas de profesores son excelentes lugares para intercambiar opiniones, analizar situaciones y retroalimentarse positivamente.

-Haz significativo el aprendizaje: repite los contenidos cuantas veces haga falta, ayuda a los alumnos a comprender lo que estudian, los beneficios de dominarla, su utilidad para la vida futura, etc.

-Equilibra el afecto y el control: es una fórmula segura para que el respeto y el afecto mutuo floten en el aula. El buen docente encuentra una armonía entre los aspectos emocionales y los racionales en su desempeño, de modo que beneficia la atmósfera del aula.

-Cultiva tu sensibilidad cultural sobre todo en lo referido a los alumnos (sus intereses, países de procedencia…). El empobrecimiento intelectual impide comprender e interpretar correctamente lo que ocurre en el entorno educativo; ello perjudica el

-Sé activo en las organizaciones profesionales porque así se enriquecen tus puntos de vista y el nivel de comunicación interprofesional y personal es más elevado, enriquecedor y completo..

6. Idea clara del fin moral de su misión, lo que lo dota de la perseverancia la valentía y la persistencia ante la adversidad, que también planea en el ámbito escolar. Este es un punto especialmente significativo porque el profesor que se mueve en un marco ético preciso desarrolla su labor más eficazmente y encuentra más satisfacción personal en su labor.

7. La preocupación por su labor redunda en que su aprendizaje (del modo de enseñar) sea reflexivo, regido por la investigación individual y en colaboración de docente y alumno. Aquí conviene recordar las inteligencias múltiples de Gardner; todo ser humano posee distintas capacidades intelectivas en diferentes niveles de desarrollo y habilidad (verbal-lingüística, lógico-matemática, espacial, cenestésica, musical, interpersonal, intrapersonal y naturalista); el docente debe saber despertarlas y respetarlas en cada uno de sus alumnos.

8. Adquisición de niveles (estándares de desenvolvimiento profesional) que lo incitan a pretender lo mejor tanto en las expectativas como en los ideales educativos. El docente apasionado posee una sólida cualificación que lo animan y legitiman para un desempeño de calidad y significativo en pro de sus alumnos.

Mensaje de esperanza apasionada

Sin embargo, a día de hoy, hay que reconocer que el cansancio, la presión y el desánimo cunden entre un buen porcentaje de docentes. Es necesario recordarles que no están solos, que hay recursos para combatirlos con pasión y empuje para que los alumnos reciban la mejor educación posible. La excepcional tarea de los docentes, apasionante, pero muy exigente y de alta responsabilidad, es que educan personas, seres humanos que merecen lo mejor de nosotros mismos, tanto por razones morales como individuales. Cerramos esta reflexión con los dos párrafos finales del citado libro de Christopher Day:

“A los docentes que sienten pasión por la enseñanza les impulsa la esperanza, en vez del optimismo. Son personas trabajadoras, prácticas, que conocen su oficio y les gustan sus alumnos. Les sostiene como aprendices activos su propio sentido de los fines morales para hacer su trabajo lo mejor posible en todas las circunstancias, y el sentido de los fines comunes compartidos con los compañeros. Su compromiso es con sus alumnos y con las materias y temas que enseñan. Emprenden los tipos de práctica reflexiva y desarrollo profesional continuado en los que participan individual y colectivamente con el fin de mejorarlos. Comprenden que la enseñanza es tanto emocional como intelectual y trabajo práctico. No son héroes, ni heroínas, pero son heroicos.

Este libro reconoce que la enseñanza es una actividad valerosa que pone a prueba la energía, el compromiso y la determinación. La pasión no es un añadido, sino que ha de estar en el centro de la enseñanza. En consecuencia, debe alimentarse y mantenerse. Como está en el corazón, los formadores del profesorado tanto en la etapa inicial como en la de formación continuada, no deben ignorarla, sino alimentarla, como tampoco los responsables de la política en sus continuados intentos de elevar los niveles y promover el aprendizaje de por vida.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ESPACIO PARA LA REFLEXIÓN

 

Tras la exposición previa, se adjunta una plantilla que facilita el pensamiento reflexivo con el propósito de ayudar al docente a la adquisición de una imagen real de su desempeño profesional. Si se estima conveniente, cada entrada se puede valorar de 0 a 5; en el cómputo global, menos de 25 puntos expresa una situación negativa que necesita una rápida intervención; más de 25 puntos, indica que el punto de partida es aceptable; según sube la puntuación, se asegura el buen desempeño docente.

 

1)     ¿Está en posesión de valores éticos (equidad, justicia, sinceridad y sabiduría) que aplica en la práctica docente diaria?

2)     ¿Posee una identidad personal profesional sólida y estable, equilibrada entre la cognición y la emoción?

3)     ¿Es reflexivo sobre sus habilidades educativas en un marco de mejora permanente?

4)     ¿Dispone de una visión esperanzada del hecho educativo y maneja la clase con tacto para extraer lo mejor de los alumnos?

5)     ¿Es una persona comprometida consigo mismo y con los alumnos en el desempeño profesional?

6)     ¿Intercambia opiniones con los compañeros y busca un nivel de comunicación profesional alto?

7)     ¿Es consciente del fin moral de su profesión educativa, en el sentido de que se influye en la adquisición por los alumnos de un sentido propio de su existencia?

8)     ¿Busca la colaboración activa del alumno en el proceso de enseñanza-aprendizaje?

9)     ¿Persigue la excelencia y la más alta satisfacción para sí mismo y para los alumnos en el contexto profesional?

10)   ¿Comprende que la enseñanza se compone de emoción, intelecto y trabajo práctico?

 

 

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